Dígame, doctora (proyecto de canción)

El virus de la nostalgia se medica con mujeres,
la gripe de la ruptura se vacuna con Brugal,
la fiebre de la pasión no calienta si tú quieres,
la herida del fracaso cicatriza sin napalm.

Dígame, doctora,
cómo se cura el mal de amor.
Guárdeme hora
para consulta, haga el favor.
Vacúneme de olvido,
solo le pido: tenga piedad.
Cósame el descosido,
recéteme lorazepam.

La tos del día a día no atraganta al amor mudo,
la arritmia del corazón nunca nos marcó el paso,
me dijiste “márchate” en mitad de un estornudo,
te limpiaste en tu pañuelo, escupiste mi fracaso.

Dígame, doctora,
cómo se cura el mal de amor.
Guárdeme hora
para consulta, haga el favor.
Vacúneme de olvido,
solo le pido: tenga piedad.
Cósame el descosido,
recéteme lorazepam.

Dígame, doctora,
cómo se cura el mal de amor.
Cúreme ahora,
deme morfina para el dolor.
Y si la lobotomía
es necesaria: actúe ya.
Pero ojalá que llegue ya el día
en que de amor vuelva a enfermar.

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Lárgate de aquí

Me iré al infierno,
y allí me quemaré.
Caeré en el Averno
y no me levantaré.
Sé que no es lo mejor
pero es bueno para mí.
Nena, lárgate de aquí.

Moriré cien veces,
el suicidio probaré,
comeré las heces
del maldito Lucifer.
Sé que no es lo mejor
pero es bueno para mí.
Nena, lárgate de aquí.

Que me mire un tuerto
si así no te veo más,
que se hunda el puerto,
que se halle “Muerto” el mar.
Sé que no es lo mejor
pero es bueno para mí.
Nena, lárgate de aquí.

Largo, largo, largo, largo,
no te hagas cargo
de mi sufrimiento más.
Largo, largo, largo, largo
no te hagas cargo
de mi sufrimiento más.

Cambiaré de casa
y también de país.
Partiré a Mombasa,
quizá me pire a París.
Sé que no es lo mejor,
vivo a gusto en Madrid.
Nena, aléjate de mí.

Borrón y cuenta nueva

Los Pepitos Grillos
me atormentaron,
no me dejaron en paz.
Se llamaban viejos,
decían ser sabios,
pero no vieron el mar.
Nunca les llegué a hacer caso,
aunque estuve a punto una vez.
Al final les dije: “paso”,
borrón y cuenta nueva haré.

Decían ser amigos
todos esos tipos
que me intentaban vender.
Mostraban sonrisas,
decían llevar prisa,
cuando de veras necesité
un consejo de oro macizo,
no tardé en mandarlos por ahí.
Al final no ricé el rizo,
borrón y cuenta nueva me di.

Y por qué no hablar
de las jóvenes reinas
por las que un día babeé.
En dos mil ocasiones
cometí mil errores,
en el resto, ni lo intenté.
Ahora que me he enamorado,
alguna anda de mí detrás.
De mi corazón se han borrado,
lo que dije antes una vez más.

Muy gracioso el cerdo
que rompía espejos
deseándome todo su mal.
Por ser de otra casta,
presagió mi desastre,
siempre me quiso humillar.
La envidia es una tara
de la que siempre logré huir.
Al final, le salió cara,
nunca estuve en su juego vil.

Cada vez más vicios,
Muchas menos virtudes,
me acechan por la ciudad.
Pues el Santo Oficio
en forma de aludes
me intentará conquistar.
Pero me he independizado
de cualquier forma oficial de pensar,
ahora me he reiniciado,
borrón y cuenta nueva, chaval.