Mi penitencia

Termínate lo poco que te queda por quererme,
apura el vaso del cariño, no lo recicles.
Escúpeme en la cara lo adorable y lo terrible,
ahógame como el maso a su damita de alterne.

Recurre a los chamanes y a la magia negra,
a los caimanes, a los santos y a los demonios,
maldíceme para siempre, condéname al otoño,
retírame las joyas, destiérrame a la quiebra.

Te cambié por una perita bañadita en glucosa,
invertí mi erección a un valor sin futuro,
me escondí de lo nuestro, disparé sin seguro,
provoqué la situación, lo fatal y esas cosas.

Y ahora, que vi que la pera sabía a veneno,
recuerdo ese culo tuyo, y tu bolso y tu risa,
y tus gafas, y tus bragas, y tus camisas,
y las charlas, y las caricias en tus senos.

Malditas también las discusiones, y el hastío,
y la ciencia y la religión, la fe y la indiferencia.
Virgencita del Rocío, levántame la penitencia,
que yo vuelva a amar, que se cosa el descosío.

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Tu muralla

Están tu novio, tu padre, tu chulo y tu amante,
están tu cuaderno, tu agenda y tu calendario,
están tus post-its, tus despueses y tus antes,
y tus eses y tus cés, y tu tele y tu radio.

Están tus ídolos, tus pósters, tus sex-symbols,
y tus remordimientos y tu conciencia y tu fe,
tu infierno y tu cielo, tu purgatorio y tu limbo,
tu abstinencia y tus ganas de tener ganas de.

Están tus geles, tu arsenal de maquillaje,
tus horarios, tu amabilidad y tus ultrajes,
las putas de tus amigas y el capullo de Parla.

Tus fotos con él, tus viajes y tu memoria,
tus bragas, tus trajes, tus eróticas historias:
esa es tu muralla. Me dispongo a asaltarla.